Modelo Pedagógico

 

 

   

 

 COLEGIO ROBERT FRANCIS KENNEDY

 

MODELO PEDAGÓGICO

   
     

      El colegio Robert F Kennedy ha realizado un proceso de reestructuración pedagógica y curricular, definiendo como modelo pedagógico: un modelo social constructivista.

     Elementos del modelo pedagógico constructivista social

     Concepción del estudiante: Debe ser visto como un ser social, protagonista y producto de múltiples interacciones sociales de su vida en la escuela y fuera de ella, siendo las funciones cognoscitivas producto de ello. El estudiante reconstruye el conocimiento en la interacción social.

     El rol del maestro: Debe ser experto en el  dominio que imparte y sensible a los avances progresivos de sus estudiantes. Se constituye en un mediador entre el estudiante y el conocimiento. Debe promover Zonas de Desarrollo Próximo. (Distancia entre lo que el estudiante es capaz de hacer hoy y lo que será capaz de hacer mañana si recibe los apoyos necesarios para lograrlo). Como gestor del aula: potencia interacciones, crea expectativas y genera un clima de confianza; como agente cultural enseña en un contexto socioculturalmente determinado, y como mediador esencial entre el saber sociocultural y los procesos de apropiación de los estudiantes.

     La Enseñanza: debe estar centrada en la vida y el contexto, orientada al desarrollo de capacidades y valores para preparar personas capaces de convivir en sociedad. Los Objetivos: se plantean por capacidades y por valores utilizables en la vida cotidiana. Los contenidos y los métodos: son medios para desarrollar capacidades y valores.

     Desde esa consideración, el interés de la sociedad es que el estudiante adquiera en la escuela los conocimientos y desarrolle las capacidades, habilidades y actitudes que sean significativas y relevantes para su vida presente y futura. Esta posibilidad no depende sólo de él, sino que depende de la confluencia de múltiples factores: la intervención docente, los contenidos escolares, las estrategias metodológicas, los recursos didácticos, el clima de trabajo, las relaciones interpersonales, el apoyo de los padres, las características sociales y culturales del entorno, y, por supuesto, los procedimientos de evaluación.

     Todos estos elementos, inherentes a la dinámica de la experiencia escolar, constituyen un todo que actúa conjuntamente, influyéndose mutuamente, lo que le confiere un carácter específico al trabajo escolar como la instancia por excelencia para la formación integral de los individuos.

     A nuestro juicio, la evaluación debe abarcar todos los elementos que intervienen en el proceso escolar: el trabajo del maestro, los contenidos de la enseñanza, los recursos educativos, la organización académica para la realización de las actividades, el manejo curricular e incluso la evaluación misma; y todos estos elementos apuntan en una sola dirección: al óptimo desarrollo de las  facultades del educando. La evaluación desde esta perspectiva, se entiende como una actividad retro alimentadora que aporte información suficiente y oportuna para orientar las decisiones del maestro con el fin de hacer las correcciones oportunas a las acciones que coordina cotidianamente.

     El plan Sectorial de Educación de Bogotá, señala expresamente que la “evaluación Educativa y pedagógica que se consolidará y generalizará en los próximos años, con aplicación en todos los colegios, se entiende como un proceso integral, dialógico y formativo”

      Es integral porque da cuenta de los aprendizajes y formación del estudiante en todas sus dimensiones, además, porque incluye la valoración de la mayor cantidad posible de factores que obstaculizan o favorecen el desarrollo de los procesos de aprendizaje, en el orden interno como externo. Entre ellos están aspectos como las motivaciones, la preparación previa, sus concepciones, su cultura, su estado físico y emocional, su carácter y su forma de ser; otros como: el clima del colegio, el entorno, el aula, las relaciones que se tejen, los recursos y las didácticas. También están los factores asociados a las familias, los directivos y los docentes, sus motivaciones, sus métodos, sus conocimientos, su idoneidad, sus relaciones, sus concepciones, su desarrollo profesional y humano.

     Es dialógica, como ejercicio de reconocimiento y encuentro de nuevos saberes, de nuevas experiencias y prácticas de evaluación sobre el proceso educativo y sobre la educación. Es dialógica porque la evaluación se diseña y se desarrolla con la participación de quienes forman parte del proceso de enseñanza – aprendizaje, generando interlocución permanente entre todas las variables que intervienen en el logro de las metas propuestas. Ese diálogo tiene que ser proactivo, dinámico y real, empezando por los protagonistas centrales como son el docente y el estudiante, quienes deberán establecer los acuerdos necesarios sobre el por qué, el para qué y cómo se va a aprender, enseñar y evaluar. En esos acuerdos también están presentes los padres de familia para apoyar realmente los procesos evaluativos que se desarrollan en la escuela.

     Es formativa, porque no está prevista para sancionar, castigar y excluir, sino para valorar permanentemente el proceso de enseñanza y aprendizaje, aspecto absolutamente necesario y útil para identificar los factores que lo  potencian y aquellos que lo impiden o lo demoran, con la única finalidad de intervenir en ellos buscando mejorarlo y favorecerlo, para aprender constantemente.

     La evaluación privilegiará el elemento formativo, por encima del simplemente sancionador, implicará un conocimiento de la realidad inicial (estudiante, aula, sistema) supondrá un análisis del currículo, valorará el desfase entre lo pretendido y lo alcanzado permitiendo reorientar y modificar el proceso haciendo énfasis en mejorar la calidad del currículo. Por consiguiente, la evaluación, no podrá ser simplemente una calificación de productos finales, sino que dará cuenta del proceso educativo; por eso, también es descriptiva y cualitativa, porque valora todos los factores que intervienen, lo mismo que los resultados. Lleva a emitir juicios en términos de los alcances obtenidos de acuerdo con lo previsto, expresados cualitativamente, con la única finalidad de promover el progreso en el aprendizaje.

     Con esta finalidad, el colegio continuará su proceso de transformación de su estructura organizacional, curricular y pedagógica, de tal manera que favorezca el ejercicio de la autonomía, la comunicación, la participación, el liderazgo y la investigación, para que aprendiendo, enseñando y evaluando de otra manera, el colegio Robert F Kennedy se convierta eje desarrollo personal y social.

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